La Guerra por la Sucesión del Papa

Publicado: junio 4, 2012 en Noticias, Religión
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Enfrentados. Dos sectores de cardenales se disputan el futuro del poder en el Vaticano

Un mayordomo arrestado, un banquero defenestrado, un libro que saca a la luz documentos confidenciales sobre conjuras palaciegas, negocios turbios, intrigas propias de Agatha Christie en el corazón del gobierno central de la Iglesia.

Esos son algunos de los ingredientes que, en tan solo dos semanas, revolucionaron una Santa Sede ya escandalizada desde hace meses por las filtraciones del “VatiLeaks”.

El reciente arresto de Paolo Gabriele, mayordomo personal de Benedicto XVI, no hizo más que terminar de sumir al Vaticano en un profundo desconcierto y en un agitado clima de sospechas y acusaciones.

Gabriele tenía en su poder documentos clasificados revelados por el “VatiLeaks”, esa serie de peligrosas revelaciones que deja cada vez más al descubierto una lucha de intrigas que sacude al entorno del Papa y que es, de hecho, una verdadera guerra entre dos grupos por la sucesión papal, en vista del cónclave que deberá elegir al delfín de Benedicto XVI, de 85 años y anímicamente golpeado por lo que pasa a su alrededor.

Es, en definitiva, una pulseada por el poder, en la que se mezclan cuestiones financieras, ambiciones personales, viejos conflictos, conexiones con lo peor de la política local y que está protagonizada, en su mayoría, por cardenales de origen italiano -algo desmentido por el Vaticano. Es, de hecho, una “guerra italiana”.

Mientras arrecia la caza de los “cuervos” -los responsables de la fuga de noticias-, la Santa Sede intenta apagar el incendio y sacar esta guerra, ya casi pública, de la vista de miles de millones de fieles en todo el mundo.

Como sucede cuando surge una crisis en el Vaticano, el padre Federico Lombardi, el vocero, comenzó a dar partes de prensa. Los usa para desmentir las crónicas que aparecen en los medios, que indican que “Paoletto” -el mayordomo, de 46 años, tres hijos y con antecedentes de hombre devoto- sólo habría sido el ejecutor de un maquiavélico plan diseñado en esferas mucho más altas, que incluyen a algunos cardenales, los máximos colaboradores del Papa.

SACROS PALACIOS. Pero hay más. Las cartas secretas salidas de los otrora inviolables sacros palacios vaticanos, que ahora cualquiera puede leer en el libro del periodista Gianluigi Nuzzi, Su Santidad, acusan pesadamente a Bertone.

Allí se habla de condicionamientos externos en el manejo del gobierno del Vaticano; abuso de la delegación papal en la relación con los obispos; falta de claridad en el manejo del Istituto di Opere per la Religione (IOR), el Banco del Vaticano ya manchado de misterios, cuyo presidente, Ettore Gotti Tedeschi, fue forzado a renunciar un día antes del escándalo, cuando arrestaron al mayordomo pontificio.

Bertone se enemistó con Gotti Tedeschi, convocado por el Papa en septiembre de 2009 para darles transparencia a las finanzas, porque el banquero, del Opus Dei, se negó a que el IOR salvara de la bancarrota al famoso hospital católico San Raffaele, de Milán, colapsado por sus manejos turbios. Además, porque Bertone quiso revisar una nueva ley de transparencia.

Sin embargo, el rechazo a Bertone “tuvo su momento culminante después de los últimos dos consistorios, del 20 de noviembre de 2010 y del 18 febrero pasado, cuando el Papa les concedió el birrete púrpura a muchos italianos de la curia cercanos a Bertone”, sostiene Paolo Rodari, vaticanista del diario Il Foglio.

“NO VA MÁS”. Nadie sugiere que Sodano y su grupo estén materialmente involucrados en las filtraciones. Pero se cree que su discreto, aunque evidente repudio a los últimos seis años de gestión de Bertone como secretario de Estado puedan haber empujado a otros funcionarios a actuar.

Bertone no es el único que se ha visto golpeado por el “VatiLeaks”. También el secretario personal del Papa, Georg Ganswein, personaje con cada vez más poder y, por ende, con una relación tensa con Bertone, quedó herido por la inimaginable fuga de noticias que alcanzó al apartamento papal.

En un clima incandescente, en el cual resulta evidente que la gran víctima del “VatiLeaks” termina siendo el mismo Papa -pese a que los “cuervos” aseguran que su operativo-verdad es para defenderlo-, nadie duda de que esta saga inconclusa condicionará el próximo cónclave.

“El Vaticano vuelve a ser llevado a una dimensión terrenal y profana, en la que casi nadie se salva. El silencio de los episcopados no italianos es el de quien se ha resignado a observar a la distancia una involución que no ve un final feliz, y que pesará cuando llegue la hora de elegir al sucesor de Benedicto XVI”, escribió el analista Massimo Franco, del Corriere della Sera, al denunciar un “autodestructivo síndrome italiano” en el Vaticano.

“Algunos historiadores recuerdan que en el pasado pasaron cosas también más graves que las actuales. Es verdad -agregó-, pero no se respiraba, como hoy, la sensación de que una época ha llegado a su ocaso y que la secuencia de los escándalos no son la causa, sino la consecuencia de un modelo que no va más”.

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